miércoles, 14 de abril de 2021

EEUU y la Unesco rechazaron la decisión de Recep Erdogan de convertir a la antigua basílica de Santa Sofía en una mezquita

El edificio, declarado patrimonio de la humanidad, había sido un museo desde el año 1934 y era una de las principales atracciones turísticas del país.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, firmó el viernes pasado un decreto para convertir en mezquita la antigua basílica bizantina de Santa Sofia en Estambul, función que ya cumplió durante el Imperio Otomano.

El edificio, patrimonio de la humanidad, fue secularizado y convertido en museo en 1934 por un decreto ministerial que fue anulado hoy por una decisión del máximo tribunal administrativo turco, el Danistay. La sentencia abría la vía para que la antigua iglesia volviera a utilizarse como mezquita, algo que será efectivo a partir de ahora mismo con el decreto presidencial, que transfiere la propiedad del edificio a la Diyanet, el organismo turco equivalente a un Ministerio de la Religión, del que dependen las mezquitas del país.

La decisión de Erdogan, publicada en el Boletín Oficial del Estado solo momentos después de conocerse la sentencia del Danistay, quita las competencias de gestión del edificio al Ministerio de Cultura y Turismo, al que le correspondía hasta ahora, siendo una de las principales atracciones turísticas de Estambul con 3,8 millones de visitantes en 2019.

Aún no se conocen los efectos prácticos de la decisión, ya que sería difícil imaginar que los fieles vayan a rezar bajo una cúpula decorada con imágenes de Jesucristo y la Virgen, cuando el islam rechaza la presencia de imágenes humanas -y menos aún, divinas- en sus templos.

La Unesco, que registró el espacio como Patrimonio de la Humanidad en 1985, lamentó “profundamente la decisión de las autoridades turcas, adoptada sin diálogo previo, de modificar el estatus de Santa Sofía”.

Anteriormente, el organismo dependiente de la ONU había publicado una nota en su web de que “cualquier modificación” del espacio “exige una notificación previa del Estado a la Unesco y, en caso necesario, un examen del Comité”.

Las autoridades turcas han asegurado en los días pasados que abrir el hasta ahora museo al culto musulmán no causará perjuicios a su estatus como monumento histórico y artístico universal, pero no han dado más detalles.

Estados Unidos y Francia también rechazaron la transformación de Santa Sofía en un lugar de culto musulmán.

“Estamos decepcionados por la decisión del gobierno de Turquía de cambiar el estatuto de Santa Sofía”, dijo la portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Morgan Ortagus. ”Entendemos que el gobierno turco sigue comprometido en mantener el acceso a Santa Sofía a todos los visitantes y deseamos oír sus planes para continuar la administración de Santa Sofía con el fin de garantizar que sigue accesibles para todos sin trabas”, añadió.

Las autoridades de Grecia, por su parte, también condenaron el viernes la reconversión en mezquita de la Santa Sofía, y afirmaron que se trata de una “provocación directa al mundo civilizado”. La ministra de Cultura del país heleno, Lina Mendoni, afirmó que la decisión, que tiene lugar como “resultado de los objetivos políticos del presidente Erdogan, es una provocación a aquellos que reconocen el único valor y la ecuménica naturaleza del monumento”, según informaciones del diario Kathimerini.

En un comunicado, Mendoni aseguró que, si bien Grecia no está tratando de “interferir en los asuntos internos de Turquía”, país con el que Atenas tiene una tensa relación, Santa Sofía sigue siendo “un monumento de toda la Humanidad al margen de la religión”.

“El nacionalismo mostrado por el presidente Erdogan no es el mejor consejero”, ha apuntado antes de recalcar que este tipo de ideas llevan al “atraso”. Para la ministra, el presidente ha decidido así “aislar a Turquía culturalmente hablando”.

A ella se ha sumado el ministro de Exteriores griego, Nikos Dendias, que también ha criticado la decisión después de que Erdogan firmara el decreto para revertir formalmente la condición de museo y reconvertir Santa Sofía en mezquita.

La iglesia ortodoxa rusa también lamentó que la “preocupación” de “millones de cristianos” no haya sido escuchada por la justicia turca.

Erdogan, un nostálgico del Imperio Otomano que busca ganarse el electorado conservador en medio de la crisis económica causada por la pandemia del nuevo coronavirus y un contexto regional difícil, ya se había mostrado en varias ocasiones favorable a convertir a Santa Sofía de nuevo en mezquita. El año pasado había calificado su transformación en museo de “gran error”.

“Santa Sofía es probablemente el símbolo más visible del pasado otomano de Turquía y Erdogan lo instrumentaliza para enardecer a su base y molestar a sus rivales interiores o del extranjero”, afirma Anthony Skinner, de la consultora Verisk Maplecroft.

Desde la llegada de Erdogan al poder en 2003, las actividades ligadas al islam se incrementaron en Santa Sofía, con sesiones de lectura del Corán u oraciones colectivas en el atrio del monumento.

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